Es posible considerar a estas catacumbas como un museo de la muerte cuya historia se inicia en el siglo XVI con el descubrimiento, por parte de los Monjes (Padres) Capuchinos, de un fenómeno de momificación natural que se daba durante la exumación de algunos restos. El motivo del descubrimiento fue que los monjes decidieron momificar a un santo, el Hermano Silvestro de Gubbio, para que la gente pudiera verle y rezar por él después de fallecido. A partir de este descubrimiento, las catacumbas han continuado acogiendo restos, pues el Hermano Silvestro momificado se convirtió en una atracción de la zona y la población local comenzó a hacer lo mismo con sus familiares difuntos para que fueran recordados del mismo modo que el Hermano Silvestro.
De hecho, algunas familias dejaron por escrito sus deseos para ser 'expuestos' en las catacumbas tras su muerte. Dejaban expresados los detalles del vestuario que deseaban llevar e incluso la postura que debían adoptar...
Esta desagradable, para mi gusto práctica dejó de llevarse a cabo en 1920, todavía hoy se pueden visitar las catacumbas. De algunos cuerpos sólo se conserva la piel, ojos y pelo, otros son meros esqueletos con ropa. Están dispuestos en hileras y clasificados según sean Hombres, Mujeres, Niños, Monjes, o según representen algún un oficio determinado.
La exposición de los restos puede representar motivo de admiración y de interés, pero también podría alterar a personas sensibles que sean fácilmente impresionables.
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